lunes, 26 de mayo de 2008

cartas de la nostalgia I


cartas de la nostalgia I

Santiago de Cuba a 4 de octubre de 1897

Querida Prisca :

Han trascurrido dos meses y aun permanece en mis labios el sabor agridulce de
nuestra despedida.
Ahora conozco como se desgarra un corazón por dentro.
Es cierto que hasta que te toca de cerca, cualquier situación parecida te parece
tan distante, que ni escuece ni llegas a sentir en tus carnes la dentellada del dolor. No sientes, ni
padeces, hasta que te enfrentas con la realidad, con la impotencia de verte arrastrado como cer-
dos hasta los carros de la leva, golpeado por las culata y herido por las bayonetas de los fusiles
de los guardias que actúan sin corazón.
Es inhumano y cruel, observar desde arriba del carro como se va desvaneciendo
tu imagen tras una cortina de lagrimas que no pude reprimir. Tengo grabado el gesto de tu mano
levantada diciéndome adiós.
Es patético el espectáculo de los hombres que me acompañan. Los hay altos como
pinos anchos como Castilla que se derrumban igual que castillos de arena y lloran como niños al
enfrentarse a la dura realidad de esta guerra.
Amor, ahora en la distancia comprendo cuan difícil es separar en dos partes un mismo cuerpo sin que al cuerpo le duela. A mi, querida Prisca, esta distancia empieza a abrasarme las entrañas como el plomo candente de una bala.
Tendrías que ver quienes son mis compañeros de fatiga. Gente del campo analfabeta. Peones, pastores, vaqueros, segadores, todos reclutados a la fuerza. Por desgracia
no encontraras entre nosotros a un solo hijo de buena familia aunque estuviesen en la edad de
incorporarse a filas, ellos son soldados de cuota, sus padres pagan y ellos se quedan en España,
mientras los muertos de hambre le sacamos las castañas del fuego viniendo a esta guerra en una
patria que no es la nuestra.
Esta es, Prisca, la cabronada de nacer pobre.
No quiero deprimirte, mi amor, pero eres mi válvula de escape e intuyo que mi paño de lagrimas por mucho tiempo. Recurro a ti egoístamente para explayarme, porque siempre
encontrare comprensión y consuelo.
Te cuento y no acabo de lo bien que saben ablandarnos el corazón nuestros generales. He oído al general Weiler arengar a la tropa apelando a nuestros sentimientos de
españoles y uno que no esta acostumbrado a estas situaciones llega a emocionarse. Te quieren hacer creer, mi amor, y lo peor es que lo consiguen que somos el mejor estandarte de nuestra
patria. La reencarnación del espíritu de Viriato y la fe de don Pelayo. Hablan de Palafox que no
se quien es y de Daoiz y Velarde que nadie nos aclara si son dos generales o un apellido compuesto.
Yo me siento español y en esos momentos me vibra hasta el alma. Luego en frio,
la idea de morir me espanta. Tengo mucho miedo a la muerte amor, porque morir, significa pudrirme en una fosa en esta tierra que no es la mía y no poder disfrutarte por los siglos de los
siglos.
Debo resistir para poder volver a respirar el suave perfume de tu cuerpo pegado
a mi piel.
Te quiero Prisca. Siempre tuyo

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