Carta del
miedo
Santiago de Cuba, Dos de Mayo de 1898
Querida Prisca:
Te escribo esta carta, al borde del mar,
que se extiende imponente y golpea con rabia, los pies de roca, del viejo
"malecón" por donde pasean cientos de parejas de enamorados, cogidos
de la cintura, como aquí es costumbre.
Sopla una brisa dulce y fresca, que me
acaricia el rostro, con la misma suavidad que lo hacen tus dedos de terciopelo,
mientras me miras fijamente, despeñándose por las cuencas de mis ojos.
Una tenue neblina, algodona el horizonte,
amortajando a la mar, con un sudario blanco.
Todo a mi alrededor, gira con tu recuerdo.
Los novios que se besan furtivamente. Los
soldados, presumiendo dentro de sus uniformes nuevos de "rayadillo",
piropeando a las mozas de color cobre, que atan los extremos de sus largas y
negras trenzas, con lazos de seda en rojo y amarillo.
Me subyuga la mar, y a ti, te pasaría lo
mismo. Es un pecado que no conozca su majestuosa paz. Sus estados de animo,
cuando pasa del verde esmeralda, al celeste ceniciento, o del añil al lila. Lo
tengo decidido, nuestro viaje de novios, será ir a conocer el mar, seguramente
a Málaga, donde el Mediterráneo, dicen es azul cobalto. O si lo prefieres a
Santander, porque allí cuentan que su color es verde hierba, como los prados,
que nacen al borde mismo de la arena dorada de la playa.
Y además, tendremos la oportunidad de
bañarnos, en el mismo lugar donde lo hace el Rey y su augusta madre.
¿Que te parece?.
Espero el milagro de salir bien parado de
esta aventura, porque viendo día a día con la facilidad que se muere y la poca
importancia que le dan los militares a la vida, me asaltan siniestros
presentimientos, y sufro unos ahogos, que me abrasan los pulmones, de puro
miedo.
Cada día que pasa voy notando un bajón en
la euforia patriótica de los españoles, sobre todo en los funcionarios, los políticos
y los hacendados, que nos recibieron con gritos de; ! Viva el glorioso e
invencible ejército español ¡. Viva, el Rey Alfonso XIII. Ahora se han
acojonado y están asustados.
Ya no gritan, ni dan vivas, ni cuelgan la
bandera en los balcones, tienen terror y han surgido las criticas. Ahora ni el
Rey es tan grande, ni el Ejército tan invencible, ni la Reina tan inteligente.
Cunde el desanimo y mientras los militares
intentan elevar la moral apagando las voces derrotistas en las tertulias del
café " La Unión ", ya no se habla de España, si no de la Metrópolis,
una palabra vaga que empieza por marcar las distancias que nos separan.
Mi amor, solo pido que estés bien de salud.
Que te acuerdes de darle un beso a mi hermana. Y a " Tito " que no se
" encabrone " con los perros, que tienen mucho carácter y la boca
dura cuando quieren, hay que ser pacientes y saber llevarlos. Que se desfoguen
antes de correr la liebre por la dehesa, que en venteado el pelo, correrán como
los mejores galgos de Medina del Campo.
Cariño, no se me olvida tu cara porque es
la imagen permanente de mis sueños. Lo primero que veo cuando me despierto y lo
ultimo cuando me duermo. Es mi momento grande, cierro los ojos y te recuerdo,
luego, alargo la noche para disfrutarte en un interminable sueño.
Soñar, amor, es lo único que no pueden
quitarme.
Un beso muy fuerte de tu más rendido
admirador.
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